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jueves, 20 de septiembre de 2012

LIFESTYLE HEALING CENTER


Durante dos mil años los judios han soñado con tener su pais y ya lo tienen ¡ contra un sueño
jamás podrán ni mil ejércitos ! Tenia 15 años el dia que nació el Estado de Israel, era de noche
y estábamos todos en la calle, mayores y niños en pijama. Lo escuchamos en una radío conectada
a un altavoz, ¡ Fue una alegria tan colosal Lo malo es que ensegida unos árabes dispararon
contra un autobús, hubo una matanza.......
Mi familia se dedicaba a la agricultura y el pastoreo,se instalarón en Israel y así ayudaron a
cumplir las palabras de Yahvé “ Solo los judios harán florecer la tierra de Israel para que
fructifique “
Mi padre era jefe de la comunidad judía de Tripoli, en 1914 reunió a 50 familias judias para
cumplir el sueño biblico: partieron hacia Israel, era unlugar atrasado, primitivo, aquello era un
desierto, mi madre anduvo cuatro kilometros durante una madrugada, camino del hospital, donde
me dio luz al llegar, no dijo nada a nadie en casa “ para no molestar “ Mi madre tuvo 16 hijos:
nueve murieron por enfermedades o por violencia árabe, porque ellos querian echarnos, a los
cinco años yo presencié como unos árabes ahogaban a mi hermano de siete años....pero también
tengo buenos recuerdos: cada sabbat, al salir de la sinagoga, caminaba junto a mi padre por el
campo mientras él me enseñaba los principios de la vida, ¡ tres ! “ Aprende siempre de todo-Actúa
sin quejarte-Ayuda a los demás todo lo que puedas “ los he observado siempre.
Mi primer trabajo, fue pastor de cabras, ¡ Como el rey David ! Sus salmos siempre han sido mis
maestros, ellos me han insuflado la actitud correcta durante toda mi vida, hoy se que hay dos tipos
de personas: las que se quejan y las que actúan. Yo soy de las segundas, esta filosofia de vida me ha
llevado a tener un espiritu pionero, ví posibilidades en la industria del plástico, busqué a quién
pudiera enseñarme y cre una gran industria, porque otra vez hay dos clases de personas: las que
tienen una visión pero no se atreven a actuar, y las que a la visión añaden acción, he fundado 18
empresas, nueve siguen en activo, he dormido con mendigos y he comido con principes, no me
envanezco: todo es una bendición de Dios, cuando priorizas el factor humano sobre los resultados ,
la generosidad de Dios te bendice con prosperidad, además el mayor orgullo de mi vida es haber
regalado una Torá a mi comunidad judia de Israel y otra a la de Barcelona, valoradas en unos
50.000 dólares, las transcribe un sabio rabino que debe purificarse de pies a cabeza cada vez que
le toca escribir la palabra Yahvé, por eso cuesta tanto hacer una Torá.
Actualmente he creado una red de centros a favor de la salud y el bienestar, para mimar el cuerpo
y el espiritu, busco que el alimento sea tu medicamento, hoy vivimos más años, pero enfermos e
infelices ¡ Y así las farmaceuticas ganan dinero largo ! Yo quiero que ganen menos: quiero ayudar
a la gente a vivir sana más años, además yo concibo el dinero como una energia que si no circula,
languidece, debe fluir para crear, crecer, así que mi consejo a mis 73 años es que cada trance de
tu vida te sirva de escalón para avanzar y ascender, pase lo que pase, ten coraje, podia ser peor,
porque siempre hay dos tipos de personas, los que en todo ven problemas.....y los que en todo
vemos soluciones.


Chaim Chalfon






lunes, 9 de julio de 2012

JUANA DE ARCO: SANTA Y MARTIR


Esta santa a los 17 años llegó a ser heroína nacional y mártir de la religión. Juana de Arco nació en el año 1412 en Donremy, Francia. Su padre se llamaba Jaime de Arco, y era un campesino.
Juana creció en el campo y nunca aprendió a leer ni a escribir. Pero su madre que era muy piadosa le infundió una gran confianza en el Padre Celestial y una tierna devoción hacia la Virgen María. Cada sábado la niña Juana recogía flores del campo para llevarles al altar de Nuestra Señora. Cada mes se confesaba y comulgaba, y su gran deseo era llegar a la santidad y no cometer nunca ningún pecado. Era tan buena y bondadosa que todos en el pueblo la querían.
Su patria Francia estaba en muy grave situación porque la habían invadido los ingleses que se iban posesionando rápidamente de muchas ciudades y hacían grandes estragos.
A los catorce años la niña Juana empezó a sentir unas voces que la llamaban. Al principio no sabía de quién se trataba, pero después empezó a ver resplandores y que se le aparecían el Arcángel San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita y le decían: "Tú debes salvar a la nación y al rey".
Por temor no contó a nadie nada al principio, pero después las voces fueron insistiéndole fuertemente en que ella, pobre niña campesina e ignorante, estaba destinada para salvar la nación y al rey y entonces contó a sus familiares y vecinos. Las primeras veces las gentes no le creyeron, pero después ante la insistencia de las voces y los ruegos de la joven, un tío suyo se la llevó a donde el comandante del ejército de la ciudad vecina. Ella le dijo que Dios la enviaba para llevar un mensaje al rey. Pero el militar no le creyó y la despachó otra vez para su casa.
Sin embargo unos meses después Juana volvió a presentarse ante el comandante y este ante la noticia de una derrota que la niña le había profetizado la envió con una escolta a que fuera a ver al rey.
Llegada a la ciudad pidió poder hablarle al rey. Este para engañarla se disfrazó de simple aldeano y colocó en su sitio a otro. La joven llegó al gran salón y en vez de dirigirse hacia donde estaba el reemplazo del rey, guiada por las "voces" que la dirigían se fue directamente a donde estaba el rey disfrazado y le habló y le contó secretos que el rey no se imaginaba. Esto hizo que el rey cambiara totalmente de opinión acerca de la joven campesina.
Ya no faltaba sino una ciudad importante por caer en manos de los ingleses. Era Orleans. Y estaba sitiada por un fuerte ejército inglés. El rey Carlos y sus militares ya creían perdida la guerra. Pero Juana le pide al monarca que le conceda a ella el mando sobre las tropas. Y el rey la nombra capitana. Juana manda hacer una bandera blanca con los nombres de Jesús y de María y al frente de diez mil hombres se dirige hacia Orleans.
Animados por la joven capitana, los soldados franceses lucharon como héroes y expulsaron a los asaltantes y liberaron Orleans. Luego se dirigieron a varias otras ciudades y las liberaron también.
Juana no luchaba ni hería a nadie, pero al frente del ejército iba de grupo en grupo animando a los combatientes e infundiéndoles entusiasmo y varias veces fue herida en las batallas.
Después de sus resonantes victorias, obtuvo Santa Juana que el temeroso rey Carlos VII aceptara ser coronado como jefe de toda la nación. Y así se hizo con impresionante solemnidad en la ciudad de Reims.
Pero vinieron luego las envidias y entonces empezó para nuestra santa una época de sufrimiento y de traiciones contra ella. Hasta ahora había sido una heroína nacional. Ahora iba a llegar a ser una mártir. Muchos empleados de la corte del rey tenían celos de que ella llegara a ser demasiado importante y empezaron a hacerle la guerra.
Faltaba algo muy importante en aquella guerra nacional: conquistar a París, la capital, que estaba en poder del enemigo. Y hacia allá se dirigió Juana con sus valientes. Pero el rey Carlos VII, por envidias y por componendas con los enemigos, le retiró sus tropas y Juana fue herida en la batalla y hecha prisionera por los Borgoñones.
Los franceses la habían abandonado, pero los ingleses estaban supremamente interesados en tenerla en la cárcel, y así pagaron más de mil monedas de oro a los de Borgoña para que se la entregaran y la sentenciaron a cadena perpetua.
Los ingleses la hicieron sufrir muchísimo en la cárcel. Las humillaciones y los insultos eran todos los días y a todas horas, hasta el punto que Juana llegó a exclamar: "Esta cárcel ha sido para mí un martirio tan cruel, como nunca me había imaginado que pudiera serlo". Pero seguía rezando con fe y proclamando que sí había oído las voces del cielo y que la campaña que había hecho por salvar a su patria, había sido por voluntad de Dios.
En ese tiempo estaba muy de moda acusar de brujería a toda mujer que uno quisiera hacer desaparecer. Y así fue que los enemigos acusaron a Juana de brujería, diciendo que las victorias que había obtenido era porque les había hecho brujerías a los ingleses para poderlos derrotar. Ella apeló al Sumo Pontífice, pidiéndole que fuera el Papa de Roma el que la juzgara, pero nadie quiso llevarle al Santo Padre esta noticia, y el tribunal estuvo compuesto exclusivamente por enemigos de la santa. Y aunque Juana declaró muchas veces que nunca había empleado brujerías y que era totalmente creyente y buena católica, sin embargo la sentenciaron a la más terribles de las muertes de ese entonces: ser quemada viva.
Encendieron una gran hoguera y la amarraron a un poste y la quemaron lentamente. Murió rezando y su mayor consuelo era mirar el crucifijo que un religioso le presentaba y encomendarse a Nuestro Señor. Invocaba al Arcángel San Miguel, al cual siempre le había tenido gran devoción y pronunciando por tres veces el nombre de Jesús, entregó su espíritu. Era el 29 de mayo del año 1431. Tenía apenas 19 años. Varios volvieron a sus casas diciendo: "Hoy hemos quemado a una santa". 23 años después su madre y sus hermanos pidieron que se reabriera otra vez aquel juicio que se había hecho contra ella. Y el Papa Calixto III nombró una comisión de juristas, los cuales declararon que la sentencia de Juana fue una injusticia. El rey de Francia la declaró inocente y el Papa Benedicto XV la proclamó santa.